PERDIDO Y MUERTO. SIN SENTIDO
Soledad, eterna soledad, nefasta soledad, maldita soledad. No se aleja de mí este desierto oscuro, tétrico, terrible, envuelto por un caparazón gris, un escudo plomizo y las nubes negras que no me dejan soñar, que no me dejan partir, alejarme del lugar donde los sueños no nacen o solo son el resultado de aquellas pesadillas que azotan el alma herida del trovador que nunca fue el que quiso ser, donde los fantasmas rozan primero mi espalda y se esconden después, cuando me doy la vuelta para comprobar quién osó abrir la puerta que creí cerrada para siempre de mi nada dulce hogar. Y sigo paralizado, hundido, perdido, muerto. Sin sentido y sin sentir. Muerto. ¿Y tú me preguntas hacia dónde voy? ¿Y tú te preguntas las razones de mi llanto? Estas lágrimas nunca fueron por mí. Lloraba por ti. Porque, pese a todo, yo sigo respirando aunque no quiera. Mi corazón sigue latiendo. Sigo despierto. Sigo viviendo.


Esta entrada, hoy me cae como anillo al dedo. Porque nuevamente me siento sola, porque hoy nuevamente he vuelto a mi realidad… “Soledad, eterna soledad, nefasta soledad, maldita soledad…” Qué bueno es poder encontrar en tus palabras lo que yo lo que no puedo expresar.
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