jueves, 25 de septiembre de 2014

GRADUADO EN LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLAS

Era veintitrés cuando se abrió el ciclo y en veintitrés se cerró. Cuarenta y siete meses después, unos mil cuatrocientos días, cincuenta exámenes, sesenta pruebas de evaluación continua, cientos de horas robadas al sueño, alguna madrugada desesperada, alguna lágrima escondida, algún sinsabor pasajero... Y una enorme satisfacción después de haber alcanzado el objetivo ansiado.

Miro hacia atrás y compruebo que las huellas de los malos momentos se borraron gracias a los vientos que, por fortuna, nos regala el tiempo. Ahora sonrío. Ahora sí. Y me emociono cuando pienso en todo aquello que ha adornado mi camino a lo largo de estos cuatro años de carrera.

No ha sido fácil. No nos han puesto una alfombra roja delante. Pero he intentado disfrutar de cada instante y de cada persona que la vida ha colocado a mi lado a lo largo de estos años. No puedo personalizar por varios motivos: porque la lista sería interminable; y porque mi memoria es traicionera e injusta, y dejaría escondidos en la prisión de mi tintero muchos nombres que han resultado esenciales en este recorrido hacia un éxito que, quizás, hubiera de haber llegado allá por los años noventa, pero que el destino ha decidido regalarme en este mes de septiembre de 2014.

Lejano queda ya aquel día de octubre de 2010, aquella primera tutoría de Lenguaje Humano un viernes por la tarde (Esme, Paz, Sheila, Sergio, Nico o Gladys, entre otros, fueron los primeros compañeros que conocí), aquella primera PED de Comunicación Oral, los primeros comentarios en la plataforma, el Curso de Verano de Ávila, donde Amparo María Corazón Kreysa, Rafa Soto, Iñaki Cano o Yolanda García Prieto abandonan el mundo de lo virtual para hacerse realidad. Luego vendrían la Semana Grande de San Sebastián, el otoño y el invierno madrileños, que cambiaron la vida de algunas personas, el frío de Berlín, el multitudinario encuentro de Barcelona...

Poco imaginaba entonces que iba a vivir cuatro años maravillosos, rodeado de personas grandes en alma y corazón, que han acompañado tantos días de estudio y que han llenado mis noches de soledad apagando la amargura con la luz de unas sonrisas  que dibujaba en el papel de mi imaginación.

Y entre un título de graduado, la emoción del triunfo alcanzado, los recuerdos del pasado y los sueños que han de llegar, una tríada mágica, siempre presente, sigue conformando las bases, los cimientos, sobre los que se ha podido sostener la "arquitectura narrativa" que me ha permitido poder abrazar este éxito: Amparito, Andrea y Alex. Sin olvidar a alguien que estuvo ahí y que fue importante, pero no quiso que su nombre apareciera en esta lista.

Mi admiración y mi respeto también por todos aquellos profesores que se entregan por nosotros, por aquellos que no han olvidado que un día fueron alumnos. Espero ser como ellos algún día.

Y a todos mis compañeros de la UNED, a los que ya conozco en persona y a los que algún día conoceré, os digo que ha sido un placer y un honor compartir estos años con vosotros.

No os quiero aburrir. Tan solo me gustaría agradecer desde lo más profundo de mi corazón a todos aquellos que me han apoyado, que han creído en mí, que han compartido conmigo las alegrías y las penas, los aprobados y los exámenes entregados en blanco, y que me han aguantado y sufrido cada vez que mi mal humor me ha convertido en el ser más insoportable del planeta. ¡Gracias por todo!

Joss.



José Antonio López Arilla © 2014